martes, 11 de junio de 2019


 
                   Mujer en la ventana

          hubiera preferido no mirar
          no pretender buscar el aire  cuando en realidad
              te buscaba
          Y te vi

          Un paraguas y muchas risas te escondían de mi mirada
          pero había dejado de llover
          y era notorio que ahí estabas riéndote
            Mientras yo...

          no hubiera querido ver
          ni nombrarte entre dientes
          pero tu risa y la de ella subieron hasta mi ventana
            La flor amarilla del paraguas los delató

          Después habría que fingir
          quedar congelada en el silencio
          pensar que todo    había sido un sueño


  CALLE

  camino por el centro  y   ya se sabe
 
 calor   gente   vapor  apuro

 gente  gente  ruido

 no me miran  no sonríen

 yo sí miro
 
                    un músico con guitarra;   Eleonor Rigby

 me detengo  y pienso en ese día  en que escuché  Sargento Peppers por primera
vez.  En la casa de Edith

 éramos felices.

domingo, 21 de abril de 2019




Sombras                                            

Veo una sombra sobre un vidrio
veo
algo que amé
hecho sombra y proyectado
en el reflejo oscuro sobre la trasparencia del deseo.
en confusión, súbitamente, apenas
vi la explosión de un cuerpo y su sombra
ahora el silencio teje cantilenas
más largas
que duran más que el cuerpo
y que la sombra
Ah, si un cuerpo nos diese,
aunque no dure
cualquier señal oscura de sentido
como un olor salvaje
contra las diligencias, contra las
formaciones del olvido
y que reconozcamos  por ese olor
el solar donde levantamos
el sitio de la casa humana
como reconocemos por los ramos
la luz solar     la piel de la mañana


                                 Irene Villarino


martes, 31 de julio de 2018


Al abrigo… 

Viernes 21

Ayer llevamos a papá al cementerio. El último adiós como se dice.  Quedé sola, un  poco mareada después del trajín del velorio, los saludos, las flores…
Y bueno, a la noche no podía dormir y me fui al fondo, al galponcito donde él guardaba sus cosas. Siempre con llave, con candado, sin que nadie viera jamás lo que atesoraba. Busqué  las llaves en su mesita de luz, estaban escondidas adentro ¡de una media! Cosas de viejo nomás. Bueno, cuando abrí el armario del galpón me encontré con muchas cajas de zapatos amarillentas y gastadas. Algunas eran más nuevas, se ve que las iba agregando con los años. Todo apilado como en capas geológicas.  Había de todo: fotos, anzuelos, plomadas, herramientas, tornillos, alicates, y qué sé yo cuántas cosas más, lo que se dice un cachivacherío.
Pero… en una caja más gruesa y antigua, color madera, había sobres con cartas. Sentí un golpeteo en el pecho cuando empecé a leer…Mmmm…. ¡Cartas de amor! De una tal “Gabriela”, escrito así, con comillas, lo que me daba la pauta de que no era su verdadero nombre sino un alias. Un amor secreto. ¿Quién sería esta tal Gabriela? Ni idea.  Por las fechas las cartas eran de hacía 20 años, con una frecuencia aproximada de diez días y se terminaban después de unos meses. Justo para la fecha en que murió mamá. No tenían estampilla, lo cual me indicaba que eran entregadas en mano. Mmmm… ¡¡Qué historia!! Se lo tuvo muy guardadito papá. Tal vez la tal Gabriela le servía de consuelo, mamá estuvo mucho tiempo enferma. Y también, hay que decirlo, papá no la abandonó nunca. Era una sombra por la casa, triste y cabizbajo ante lo irremediable. Tal vez se enamoró, tal vez la otra lo sedujo cuando lo vio solitario, que sé yo. En las cartas ella habla muy cariñosamente y sueña con un futuro de ellos  juntos que está claro  que no se dio. Se esmera en  elogiarlo  por su carácter, su fortaleza, su amorosa compañía… Pinta un hombre casi ideal, desconocido para nosotras, sus hijas y su mujer. ¿Qué habrá pasado? Aparentemente el romance terminó con una decisión de él, porque las cartas hablan esperanzadas de ese amor y de promesas mutuas… O algo le pasó a Gabriela… y ahora ya él no está  para contarlo.
Se lo tuvo muuyy  guardado, nadie sospechó nada… ¿y ahora?

Sábado 22

Habré dormido un par de horas, entre sobresaltos y palpitaciones.
Hoy viene mi hermana a casa, quedamos en tomar unos mates.  Lo pensé bien y  no le voy a contar lo de las cartas. No. Papá mantuvo su amor secreto al abrigo de miradas ajenas y yo voy a respetarlo. Primero pensé que tendría que haberlas destruido si no quería que las encontráramos, pero la parca lo sorprendió pobrecito y no le dio tiempo a nada. Tal vez creyó que viviría mucho más, tal vez algún día nos contaría. Pero ahora, no tiene sentido. Mamá está muerta hace mucho, si la engañó no lo culpo. Yo voy a quemar esas cartas.  Será nuestro secreto papá.


                                                                                                   

jueves, 1 de octubre de 2015

       



                                                     
                               QUÉ

antes

de ser

piedra
pluma
carne
sudor
nervio
lágrima

antes

de entrar en el juego infinito
de las piezas derribadas

antes

en qué sol
en qué seno
qué humo
en qué páramo
habitábamos?
















                                                        12/06/15

Esa mujer…


Esa mujer
               llevaba un abrazo sobre sus hombros

Ese abrazo era su nido
                        y su pequeña cárcel

Esa mujer
                tenía dibujada una sonrisa
                prolongada  en  la línea de su mano

Una línea se escapaba
y corría por el camino

esa mujer
             esperaba

que el camino se volviera

que la línea se enroscara

alrededor de sus hombros

como un abrazo


                                                       Irene Villarino

jueves, 6 de noviembre de 2014



     
          ALGUIEN

                        yo me pliego
                          alguien en mí
                           me come y me bebe
 
                   cada vez más cerca
                             el  camino del espejo:
                             el  eterno viaje hacia sí mismo

                     en el corazón de la nada
                                  todas las distancias

                   (  enigmas florecen
          fascinación                resentimiento   )

               cada vez más cerca
               pequeña ave        bien alimentada


                    su eterno viaje

             ¿qué tengo
                             sino este  incesante miedo de ser dos
                  cruzando  la noche?

                            
                           IRENE VILLARINO