miércoles, 19 de octubre de 2011

MI VERSO

 escribo un verso
 el verso serpentea
                              desliza
                                        se escapa

busca
        la boa emplumada
planea
         en las aguas del Sena
                   amargas
regresa 
           al Mar Dulce
vuela
          sobre hielos azules
y gira 
         hacia la luz blanca

se encandila

y se estrella
                   en la panza abierta
                   de Manhattan

sábado, 3 de septiembre de 2011

CARIÁTIDE

No supe encontrar la huella
olvidé también  las respuestas
¿y después qué?  Quizá  un silencio  
una tiniebla cerrada

Otros golpearán la puerta, buscarán la sonrisa
que apretada una vez dejé en el rincón de mis sueños

del hoy, mañana, también del ladrillo sobre otro ladrillo.
quizá    tal vez

Hay un sabor a trópicos calientes en los recuerdos
un mundo de tapices balanceándose
entre vapores          con las manos entrelazadas
blandamente.  Allí mismo.

con la luz de la lámpara en mis cabellos
con pórticos abiertos  y ventanas blancas
entre columnas

Y toda esa música que llena mis oídos como una ráfaga
atravesando un más allá
del tiempo perdido

Ahora, unas voces vienen del mar con el viento
un estremecimiento       el último balanceo
aquí estamos     ¿por última vez?

renaceré

                                 Irene L. Villarino




jueves, 11 de agosto de 2011

Voces al margen

Junto al camino
ya  se agrupaban
        con sus temores
             sus soledades.
-¡Vamos al corte!-
dijeron unos.
-¡La herida es grande!-
dijeron otros.
-Que no nos separe más la fractura...
-Que no nos quiebre
              la resignación.

                               Irene




lunes, 25 de julio de 2011

cuentito en la ciudad

TENGO MIEDO.


-Tengo miedo.
-¿De qué tenes miedo?
-No sé, pero me da miedo.
-Lo único que tenés que hacer es ir  y decírselo. No va a pasar nada. Qué, ¿te va a pegar?
-No es eso, ya sé. No es miedo a que me pegue, es irracional. Es como si tuviera que salir desnuda a la calle, entendés?
-Sentís que decir lo que pensás es como desnudarte. Bueno, está bien, pero me parece que en este caso no es para tanto.
-Para  mí, sí.
El sol daba de frente a esa hora y entraba por el ventanal del bar. Luis quiso correr las cortinas, pero las argollas que la sostenían parecían pegadas al caño de madera y no se movieron. Intentó otra vez con más fuerza y el caño se corrió del soporte  y se salió de un extremo. El caño quedó en plano inclinado sobre la mesa y la golpeó con fuerza. Obviamente hizo mucho ruido  y llamó la atención del resto de la concurrencia y de los mozos. Luis trató de colocar el caño en su lugar, pero el soporte había girado y no quedaba en línea con el otro soporte, por lo tanto no tuvo éxito en su intento.
Un mozo se acercó a tratar de solucionar el asunto. Forcejeó con el soporte que estaba bastante oxidado  y se negaba a moverse, se mantenía en su empeño de seguir doblado. Ya no quería cumplir su  función  histórica y ahora pedía un reemplazo. El mozo se dirigió hacia el mostrador, consultó con el de la caja y volvió.
-No se preocupe, después lo arreglan. Si quieren pueden cambiar de mesa.
Luis miró alrededor. Todas las mesas estaban ocupadas y sus ocupantes los miraban con curiosidad. Lentamente volvieron a sus tazas  y diálogos.
-Mejor traiga la cuenta.
-Muy bien, señor.
-Y entonces?
-Y entonces, qué? Caminamos un poco y seguimos charlando…
-No, no quiero caminar. Prefiero ir a casa. Este asunto me pone mal.
-Como quieras, pero me parece que tendrías que superar tus miedos. Yo igual tengo que hacer tiempo, tengo una  hora todavía para entrar al curso.
-Bueno, entonces caminemos un poco.
El mozo vino, pagaron y salieron. Caminaron en silencio media cuadra y ella se paró a mirar una vidriera de lencería. Observó los modelos de corpiños y bombachas detenidamente. Después siguió caminando. Luis la miraba de a ratos esperando algún comentario. Ella estaba ensimismada, pero lo miró y sonrió.
-No te preocupes, ya se me va a pasar.
-No me preocupo, me ocupo. Vengo, te escucho, trato de que superes esta situación. Pero no entiendo bien qué está pasando.
-Bueno, no es fácil.
-¿No te parece que exagerás?
-Mirá, las personas tenemos conflictos. Y no los podemos solucionar forzando la situación, como si fuera un caño de cortina. Viste que haciendo fuerza no se puede? Mirá lo que pasó recién. Me quería morir…
-De qué estás hablando? Como vas a comparar una cosa con otra? Esa cortina era una mierda de vieja y los caños estaban oxidados. Qué tiene que ver? Ahora me vas a decir que te dio vergüenza lo que pasó?
-Y bueno, es una comparación. No se puede forzar una situación cuando está muy consolidada. Viste, es como algo que nunca se movió y cuando querés moverla cruje, se rompe. A mi me pasó con una llave de paso, cuando quise cerrar el agua para hacer un arreglo, como hacía mucho que no se usaba estaba dura y no servía. Hubo que cambiarla.
-Está bien, entiendo la metáfora, pero no me digas que te dio vergüenza. Por favor! Me hacés quedar como un salvaje bruto. Le puede pasar a cualquiera.
-No, no te enojes. No quise decir que eras salvaje. Lo que quiero decir es que a veces hay que ir con cuidado.
-Claro, ir con cuidado guiado por el miedo. Así no avanzas en  la vida, si tenés miedo de todo.
-No es de todo, es de algunas cosas.
-Si querida, pero a vos el miedo te paraliza. Fijate lo que pensás.
-Vos no entendés porque nunca te pasó. Vos querés algo y le das para adelante, no pensás en las consecuencias.
-Cómo que no pienso en las consecuencias! No soy un aventurero. Si tengo un objetivo voy hacia él, pero tampoco ando a tontas y a locas.
-Disculpame, pero a veces no evaluás si podés lastimar a alguien.
-A qué te referís?
-Bueno, es una manera de decir…
-No, explicame. ¿A quién lastimé?
-A nadie. Quiero decir…
-…….?
-Bueno, yo creo que si hablo con mi vieja de lo que pasa puedo lastimarla.
-Sí, okey, le puede joder, pero es tu vida. Decime,  ¿cuándo no evalúo si puedo lastimar a alguien? ¿Te lastimé a vos?
-No, no quise decir eso. Es que me cuesta mucho hablar con ella.
-Y entonces pensás que yo soy un desalmado porque te digo que hables y no tengas miedo.
-No es que piense que sos un desalmado, pero tu situación es diferente.
-Mirá, la verdad es que cada vez entiendo menos. Me reprochas que quiera algo y esté dispuesto a conseguirlo. Me reprochas que actúo por la fuerza. Vas a conseguir confundirme.
-Perdoname, no quiero confundirte.
-Te da vergüenza que se caiga una cortina…
-No me dio vergüenza
-Dijiste que te querías morir
-Sí, pero porque llamamos la atención.
-Ah, bueno. ¿Y si tropezás en la calle y te caes? ¿Qué , no llamás la atención? Y bueno, hay situaciones donde uno llama la atención, pero son circunstanciales, pasan, no pasa nada. No te vas a morir porque llamaste la atención.
-Ya sé, no lo puedo manejar…
Se quedaron parados en la esquina. Se miraron un rato a los ojos. Luis se acercó para besarla y ella se corrió hacia atrás, miró a los costados y bajó la vista.
-¿También te da vergüenza?
-No, perdoname. No me gusta que nos besemos en la calle.
-Basta de “perdoname”. La verdad, lo que me parece es que no hablas con tu vieja porque no estas convencida. Y de lo que tenes miedo es otra cosa. Pensalo bien y después me llamás.
-Perdo… No, por favor, no es eso. Es que…Es como el caño oxidado…
-Uy, tanto lío por eso! Si querés voy y le digo que se lo pago…
-No, no entendés, me refiero a que…
-Claro, yo te hago hacer papelones, eso querés decir. Cuando estás conmigo te querés morir! Y no querés que te bese en público, ¡Qué papelón! Imaginate, te ven con semejante bestia, que rompe las cortinas en los bares!
-No, no, por favor, perdoname…
-Te dije  que basta de pedir perdón. No tenés que pedir perdón, entendiste?
-Me decís “entendiste” como si fuera una tonta. Me das consejos como si fuera infradotada.
-Noooo, me refiero a que te saques esos miedos de encima, que vayas para adelante, tonta.
-Viste, viste, me decís tonta…
-No, perdoname, no quise decir eso.
-Y entonces que quisiste decir? Claro, vos sos el que la tiene clara, el que tiene la fuerza, el que va para adelante, y yo, la tonta que no sabe lo que quiere, que tiene miedo…
-No, pará, perdoname, no es así…
-Claro, cuando te comento algo íntimo como algunos temores, te  aprovechas y me verdugueas.
-No, no, no quise verduguearte, me parece que estas exagerando.
-Claro, ya sé. Yo siempre exagero. Soy una loca. Dramatizo, como todas las  mujeres supongo.
-No es así.
-Sí, eso pensás, se te nota. Siempre con una condescendencia  que me ofende. Como si fuera una nenita que no sabe nada de la vida.
-No es así…
-Y después si yo te hago caso y  hablo con mi vieja no hay vuelta atrás. Hay que ir con cuidado en la vida, cuidar a la gente que nos quiere. No sé lo que puede pasar. Es muy grosso todo esto. Te das cuenta?
Luis la mira, entre sorprendido y desencantado.
-Total, a vos qué te hace, no? Vos seguis con tu vida normal, tenés tu casa, tu carrera, un futuro. Todo calculado. Pero yo no calculé mi futuro todavía, entendés? Para mí mi vieja es todo. Es como el soporte de la cortina. Está ahí, cumple su función. Si lo querés modificar se rompe. Cambiar algo es cambiar todo. Siempre.
-Y qué problema hay en cambiar? Me estás reprochando que tengo una carrera, una casa?
-Claro, vos no tenés que cambiar nada. Ya estás hecho. Tu vida no tiene que cambiar, sino la mía. Ahora lo entiendo.
-Y entonces? Qué hacemos?
-Ay, no sé.
-Uy, se me hizo tarde. Chau, mañana nos vemos y lo ensayamos de nuevo.
Le da un beso en la mejilla y se va corriendo.
                                   Irene Villarino


Aullido sudamericano

AULLIDO SUDAMERICANO

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura…”
                                                                                         Allen Ginsberg

La tortura, la muerte, la ausencia
De los que pensaron, dudaron, cuestionaron
Los que fueron a la Marcha del Hambre
Los que no fueron
Los que pasaron a la clandestinidad
Los que huyeron
Los que no pudieron huir
Los que se fueron a España volvieron y luego murieron de pena
Los que se quedaron en España
Los que se fueron a Francia, a Italia, a Los Angeles
Y fueron atrapados por la canción del consumo
Los que se fueron al Sur
Los que fueron a vivir a El Bolsón
Los que sufrieron cárcel por plantar marihuana
Los que olvidaron
Los que dieron testimonio y vieron libres a sus captores
Los que lo dieron igual
Los que soñaron con una vida digna
Los que perdieron la dignidad
Los que la recuperaron
Los que se exiliaron de su cuerpo y sus mentes
Los que creyeron oír la voz de Dios
Los que formaron familias
Los que no pudieron formarlas
Los que se alcoholizaron, se drogaron, se abandonaron a la caridad pública
Los que mintieron, los que dijeron su verdad
Los que se refugiaron en el arte
Los que no tenían ninguna vocación para el arte
Los que apostaron al yoga, el naturismo, la vida sana
Y murieron de paros cardíacos o de cáncer
Los que triunfaron en la vida
Los que no pudieron triunfar salvo en la muerte
Los que siguieron peleando por sus ideas
Los que se unieron a Los Niños de Dios
Los que  descubrieron su homosexualidad
Los que siguieron empeñados en sus ideas
Los que se volvieron solitarios
Los que no pueden estar solos
Los que fueron olvidados
Los que fueron recordados después de 30 años
Los que dejaron poemas
Los que dejaron sólo una foto
Los que no pudieron dejar nada, salvo su nombre en una lista
Los que zafaron y compraron casas y  autos
Los que no pudieron zafar de nada y lloraron por toda la eternidad 

                                            Irene Villarino