martes, 31 de julio de 2018


Al abrigo… 

Viernes 21

Ayer llevamos a papá al cementerio. El último adiós como se dice.  Quedé sola, un  poco mareada después del trajín del velorio, los saludos, las flores…
Y bueno, a la noche no podía dormir y me fui al fondo, al galponcito donde él guardaba sus cosas. Siempre con llave, con candado, sin que nadie viera jamás lo que atesoraba. Busqué  las llaves en su mesita de luz, estaban escondidas adentro ¡de una media! Cosas de viejo nomás. Bueno, cuando abrí el armario del galpón me encontré con muchas cajas de zapatos amarillentas y gastadas. Algunas eran más nuevas, se ve que las iba agregando con los años. Todo apilado como en capas geológicas.  Había de todo: fotos, anzuelos, plomadas, herramientas, tornillos, alicates, y qué sé yo cuántas cosas más, lo que se dice un cachivacherío.
Pero… en una caja más gruesa y antigua, color madera, había sobres con cartas. Sentí un golpeteo en el pecho cuando empecé a leer…Mmmm…. ¡Cartas de amor! De una tal “Gabriela”, escrito así, con comillas, lo que me daba la pauta de que no era su verdadero nombre sino un alias. Un amor secreto. ¿Quién sería esta tal Gabriela? Ni idea.  Por las fechas las cartas eran de hacía 20 años, con una frecuencia aproximada de diez días y se terminaban después de unos meses. Justo para la fecha en que murió mamá. No tenían estampilla, lo cual me indicaba que eran entregadas en mano. Mmmm… ¡¡Qué historia!! Se lo tuvo muy guardadito papá. Tal vez la tal Gabriela le servía de consuelo, mamá estuvo mucho tiempo enferma. Y también, hay que decirlo, papá no la abandonó nunca. Era una sombra por la casa, triste y cabizbajo ante lo irremediable. Tal vez se enamoró, tal vez la otra lo sedujo cuando lo vio solitario, que sé yo. En las cartas ella habla muy cariñosamente y sueña con un futuro de ellos  juntos que está claro  que no se dio. Se esmera en  elogiarlo  por su carácter, su fortaleza, su amorosa compañía… Pinta un hombre casi ideal, desconocido para nosotras, sus hijas y su mujer. ¿Qué habrá pasado? Aparentemente el romance terminó con una decisión de él, porque las cartas hablan esperanzadas de ese amor y de promesas mutuas… O algo le pasó a Gabriela… y ahora ya él no está  para contarlo.
Se lo tuvo muuyy  guardado, nadie sospechó nada… ¿y ahora?

Sábado 22

Habré dormido un par de horas, entre sobresaltos y palpitaciones.
Hoy viene mi hermana a casa, quedamos en tomar unos mates.  Lo pensé bien y  no le voy a contar lo de las cartas. No. Papá mantuvo su amor secreto al abrigo de miradas ajenas y yo voy a respetarlo. Primero pensé que tendría que haberlas destruido si no quería que las encontráramos, pero la parca lo sorprendió pobrecito y no le dio tiempo a nada. Tal vez creyó que viviría mucho más, tal vez algún día nos contaría. Pero ahora, no tiene sentido. Mamá está muerta hace mucho, si la engañó no lo culpo. Yo voy a quemar esas cartas.  Será nuestro secreto papá.