Al abrigo…
Viernes 21
Ayer
llevamos a papá al cementerio. El último adiós como se dice. Quedé sola, un
poco mareada después del trajín del velorio, los saludos, las flores…
Y bueno, a
la noche no podía dormir y me fui al fondo, al galponcito donde él guardaba sus
cosas. Siempre con llave, con candado, sin que nadie viera jamás lo que
atesoraba. Busqué las llaves en su
mesita de luz, estaban escondidas adentro ¡de una media! Cosas de viejo nomás.
Bueno, cuando abrí el armario del galpón me encontré con muchas cajas de
zapatos amarillentas y gastadas. Algunas eran más nuevas, se ve que las iba
agregando con los años. Todo apilado como en capas geológicas. Había de todo: fotos, anzuelos, plomadas, herramientas,
tornillos, alicates, y qué sé yo cuántas cosas más, lo que se dice un
cachivacherío.
Pero… en
una caja más gruesa y antigua, color madera, había sobres con cartas. Sentí un golpeteo
en el pecho cuando empecé a leer…Mmmm…. ¡Cartas de amor! De una tal “Gabriela”,
escrito así, con comillas, lo que me daba la pauta de que no era su verdadero
nombre sino un alias. Un amor secreto. ¿Quién sería esta tal Gabriela? Ni idea.
Por las fechas las cartas eran de hacía
20 años, con una frecuencia aproximada de diez días y se terminaban después de
unos meses. Justo para la fecha en que murió mamá. No tenían estampilla, lo
cual me indicaba que eran entregadas en mano. Mmmm… ¡¡Qué historia!! Se lo tuvo
muy guardadito papá. Tal vez la tal Gabriela le servía de consuelo, mamá estuvo
mucho tiempo enferma. Y también, hay que decirlo, papá no la abandonó nunca.
Era una sombra por la casa, triste y cabizbajo ante lo irremediable. Tal vez se
enamoró, tal vez la otra lo sedujo cuando lo vio solitario, que sé yo. En las
cartas ella habla muy cariñosamente y sueña con un futuro de ellos juntos que está claro que no se dio. Se esmera en elogiarlo por su carácter, su fortaleza, su amorosa
compañía… Pinta un hombre casi ideal, desconocido para nosotras, sus hijas y su
mujer. ¿Qué habrá pasado? Aparentemente el romance terminó con una decisión de
él, porque las cartas hablan esperanzadas de ese amor y de promesas mutuas… O
algo le pasó a Gabriela… y ahora ya él no está para contarlo.
Se lo tuvo
muuyy guardado, nadie sospechó nada… ¿y
ahora?
Sábado 22
Habré
dormido un par de horas, entre sobresaltos y palpitaciones.
Hoy viene
mi hermana a casa, quedamos en tomar unos mates. Lo pensé bien y no le voy a contar lo de las cartas. No. Papá
mantuvo su amor secreto al abrigo de miradas ajenas y yo voy a respetarlo. Primero
pensé que tendría que haberlas destruido si no quería que las encontráramos,
pero la parca lo sorprendió pobrecito y no le dio tiempo a nada. Tal vez creyó
que viviría mucho más, tal vez algún día nos contaría. Pero ahora, no tiene
sentido. Mamá está muerta hace mucho, si la engañó no lo culpo. Yo voy a quemar
esas cartas. Será nuestro secreto papá.